- No sabés, fui a ver "Muerte Mortal". (ponele)
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El pibe jodía y jodía saltando de acá para allá en medio del corso. Mamá iba caminando por la vereda siguiendo la marcha de la comparsa y mirando atenta las cabriolas del pequeño Héctor.
- ¡Mire Mamá, mire! – gritaba el niño bailando al lado de unos de los carros que formaba la columna de festejos.
Y Mamá miraba y lo veía tan contento, tan suelto y natural… No como siempre. Tito era un muchachito taciturno, le costaba mucho hacer amigos. Ahí estaba el querubín silencioso y peinado a la gomina que se la pasaba leyendo, ahora hecho un zaparrastroso, barro hasta las rodillas flacas y chuecas, empapado de transpiración. Parecía mentira que sea el mismo, daba tanto gusto verlo así!
- ¡Mamá, mire!
- ¡Sí Tito, lo veo! Tenga cuidado, hijo! – dijo Mamá saludando con el brazo en alto y una sonrisa en los labios.
La comparsa multitudinaria no era nada improvisado. El corso es una vez al año y se armaban varios grupos en el pueblo que ensayaban con esmero y disciplina.
El pequeño Héctor bailaba y reía a la par de la comparsa imitando cada paso que la gente a su alrededor daba con gran precisión.
Todos caminaban y bailaban echando el cuerpo hacia delante y Tito igual y saludaba. Luego el paso era con el cuerpo hacia atrás y moviendo los hombros. Tito los seguía con el mismo movimiento al lado del carro. Después la comparsa toda se echó al piso y avanzaban gateando y cantando. Tito se esmeraba en seguirlos pero todos eran más grandes y altos que él y gateaban más rápido.
- Despacio, hijo despacio! No se apure, siga a su ritmo!
- No Mamá, no se puede hacer más lento!
- Sí hijo! Vaya tranquilo! – dijo Mamá saludando con el brazo
- Es que no se puede hacer más lento! NO SE PUEDE HACER MÁS LE…
Y el carro arrolló su brazo amputándoselo limpiamente.
Después se hizo ilusionista, mago… qué se yo…

Dijo Roald Amundsen: "A ver, yo vine por las minas. Pero llego acá y que pasa? Nada, justamente nada, esto tiene menos movida que Stephen Hawking!!" (por Pablo "Spaghetti Western" Trillo)
CÓMO SIGUIÓ?
- Tranquilo jefe – le contestó Akiak, su fiel segundo de antepasados esquimales – Acá la historieta arranca mas tarde. Venga, lo invito a casa para hacer la previa. Está acá nomás, 3000 –
- Vo’ ‘tas loco, chino? – sobrenombre afectuoso que usaba con todo el mundo – Vamos en taxi
- Ni ahí, jefe, nos arrancan el moño. Déle, llegamos en un toque
Así empezaron a caminar y después de 140 días de travesía, llegaron al pueblo de Akiak
- Ve? – dijo este – acá salimos de la ruta y la rotonda esa es el acceso a la aldea. Este es el telo del pueblo “Culete Helado”, acá esta el Ugi’s que mando a hacer el intendente y esa es la heladería del boludo de la aldea.
Tomaron por la calle San Martín (porque en todos lados hay una calle San Martín) y se acercaron al centro mientras el fiel asistente oficiaba de guía turístico:
- Ahí tenemos la casa de fichines, por allá esta la pescadería de Anyu, acá esta la pescadería de Suluk, esta es la pescadería de Tunerk y aquella es la pescadería de Kiantruk. Ese es el arado que se compró el boludo de la aldea.
Llegaron al iglú de Akiak, quien presentó su familia al explorador:
- Este es mi anciano padre Uyarak, ella es mi madre Umiak y estas mis hermanas: Akna, Akitok, Akkikitok, Akkikkiko y Akkkiikkokkkitokkk.
Amundsen se enamoró inmediatamente de la niña que le parecía que tenía menos letras. Nunca había experimentado esa sensación, como que se elevaba del suelo, como si un fuego abrazador y fulgurante le ardiera en las entrañas, quemando sus adentros, haciéndose llama hasta llegar a su piel que se incendia de fiebre y….
- PARÁ LOCO!!! PARÁ QUE ME DERRETIS EL RANCHO!!!! – le gritó Uyarak al noruego quitándolo de su introspección e instándolo a que agarre un balde porque se hacia agua el iglú.
Habiendo recibido la famosa calidez y hospitalidad esquimal que se manifestó en un buen plato de mostachole carbonara y un tinto que te la voglio dire, se entabló una familiar sobremesa mientras Umiak hacia un cafecito y las muchachas traían queso y dulce:
- Pero te digo que no! – discutía Amundsen con el padre de Akiak mientras se desprendía el cinturón y se acariciaba el prominente vientre lleno de pasta y vino – El 82% móvil no es sustentable en el tiempo! Como lo bancas, eh?
- Patrañas! – gritó el anciano en idioma esquimal, haciendo un ademán para zanjar el debate. Amundsen lo entendió perfecto porque curiosamente “patrañas” se dice igual en español, en noruego y en esquimal
A la hora de la siesta polar (que se extiende por 2 semanas debido a esa latitud), el noruego se escabulló con la joven Akna quien accedió a dar un paseo con él. Mientras recorrían la aldea, la joven buscaba interiorizarlo en sus costumbres y cotidianeidades:
- Ahora vamos a hacer “kiantruk deniigi”
- Joya! – dijo Amundsen mientras se desprendía el pantalón
- Pará, que haces? kiantruk deniigi quiere decir “la vuelta del perro”
- JOOOYA!!! Nunca la probé
- No, nabo – dijo la niña- la vuelta del perro es darse un rondín por el centro de la aldea a ver que onda. Mira, allá están los fierreros de la aldea. Se juntan todos los domingos a ver quien tiene el mejor tunning – dijo señalando un grupo de jóvenes, algunos caminando entre muchos trineos, otros peinando a los perros, otros instalándoles a los canes un sub-woofer de 2500 watts.- Vení, vamos al mar que te muestro más
- Joyaaaa!
- Para un poco chabón! Te muestro más de la aldea. Ves? Ahí esta el mar, esa es “la orilla de los pescadores”, esa es la" bahía de los navegantes", esa es la "península de los ancianos" y esa es la playa nudista del boludo de la aldea.
- Basta Akna, no lo soporto más. Te amo. Huyamos. Ven conmigo y te amaré como aman los hombres pasionales del trópico – Claro, era noruego, pero la piba qué sabía, mas tropical que el polo era el tipo.
- Oh Roald, es lo que mas quisiera en el mundo, pero no puedo abandonar a mis padres, a mis hermanas Akitok, Akkikitok, Akkikkiko y Akkkiikkokkkkkk-kk-kk-kkkk… - Amundsen le calza un bife – Gracias… No puedo abandonarlas
- Ven Akna, hay suficientes K de donde vengo, no las extrañaras. Ven conmigo, mi amor, pero antes dime como escaparemos.
- Por mar es imposible. Es temporada de temporal
Roald se la queda mirando
- ¿Que?
- ¿“Temporada de temporal”?
- Si, ni hablar en Temperley donde la temperatura baja temprano durante la temporada de temporal – contestó, demostrándole a Amundsen sus conocimientos geográficos, cosa que le voló la peluca aún más al noruego.
- Tienes razón, mi vida. ¿Por dónde sugieres que huyamos?
- Por tierra es la única opción. Tendremos que volver sobre tus pasos para volver a tu campamento.
- Muy bien, mi amada. Sólo permíteme dejarle una nota a tu hermano, mi fiel asistente. – Garabateó en un cuero de foca estas escuetas líneas.
“Chino, perdoná que te dejo de garpe. Me las pico con tu hermana, pero todo bien. Con respeto, loco. El último sueldo te lo debo. Abrazo. No me busques.”
- Listo, huyamos. Guíame, mi dulce…
- Ven tomemos por
- Perfecto, mi amada! Eres brillante, huimos!. Al fin seremos libres. Nos iremos lejos de estos desiertos gélidos y tendremos una vida hermosa y apasionada en Oslo.
Pero no. No fue así. Nunca lograron salir de la aldea. Los encontraron en “Culete Helado” medio año mas tarde. Es que Amundsen había pedido pernocte y no se apioló que duraba 6 meses.

Sabido es que, de manera extraoficial y al margen del conocimiento publico, existe una suerte de ranking para el premio Nobel.
Cómo es esto, se preguntará. Muy simple.
Aunque usted no lo crea, el mundillo científico y académico responde a las mismas idiosincrasias que el vulgo en materia de celos, chisme y conventillo. A cuenta de esto, tanto las grandes como desconocidas personalidades de todos los campos del conocimiento humano entienden que no todo premio importa un reconocimiento de valor en la comunidad científica, aún a veces, siquiera unge con alguna dignidad al premiado.
Tal es el caso del premio Nobel de Literatura.
Por las callejas de Estocolmo, anciana ciudad de majestuosa pompa, se corre la bola que el Premio de Literatura es un chiste. Cuentan funcionarios de
Rápidamente y con gran atino surgieron las palabras "Física y Química" que nada tenían que ver con Sabina, sino que respondían esencialmente al área donde Don Alfred tan excelsamente se destacó.
Decididas las primeras 2 ciencias (había dineros suficientes para 5 premios) se avocaron a la elección de las disciplinas restantes.
A poco tiempo de debatir, "Medicina" aparecía como la opción mas acertada, por cuanto es una ciencia loable cuyo homenaje estaría siempre encaminado al bienestar humano. Por similares motivos se acordó el Premio de
Después de interminables jarras de café, frenético consumo de tabaco, algún que otro opiáceo, y no sin antes haberse tomado a puñetazos un par de veces, los integrantes del Comité cayeron en la cuenta que habían estado deliberando de manera continua durante 11 días con sus noches y decidieron zanjar definitivamente la cuestión. Si no podían alcanzar el consenso de manera razonada y democrática, quedaría en manos del destino la elección de la disciplina halagada con tan alto honor.
Fue el Dr. Jørgen Brekhus quien instó a los presentes a escribir en una papeleta la disciplina que a juicio de cada uno debería ser el quinto premio. Cumplido lo cual, mediante el consabido método del sombrero (muy popular por esas épocas), fueron los votos introducidos en la galera de otro asistente – licenciado Gunnar Folstad – y se procedió a extraer uno: "literatura"…
-"Quien fue el hijo de puta!?" – reza el acta de reunión, atribuyendo esos dichos al propio Brekhus, en una traducción al castellano mas o menos literal.
Ninguno de los presentes se hizo cargo aunque el profesor Olaf Stoltenberg – rector de
De esta manera quedó establecido el premio Nobel de Literatura y es en virtud de este origen azaroso, despojado de todo rigor académico y sustraído al conocimiento público, que dicho galardón es menospreciado por la comunidad científica en general, otorgándosele el mote de “premio consuelo” en los círculos eruditos; denominando a quienes resultan laureados en dicha categoría con una palabra en noruego cuya traducción literal se acerca a nuestro vocablo "pichis"